We really love water.

No, no, no y no. Nos negamos a renunciar a nuestros dedos arrugados como garbanzos, a nuestros ojos colorados por el cloro y a nuestros pelos pegados a la cabeza. Nos negamos a olvidarnos del olor de las brasas, de las cervezas en la mano y de las peligrosas carreras por los bordes. Nos negamos a dejar ir el oasis en el que hemos vivido durante julio y agosto sin ni siquiera plantar batalla. Rezamos a algún dios misterioso para que nos dé clemencia en estos meses de ostracismo solar que se avecinan. Según dice algún iluminado, somos animales de tierra firme, pero en el fondo nos gustan la sal en la piel y la arena entre los dedos. Solo nos falta el poder respirar debajo del agua, pero las ganas ya están ahí. Vaya si lo están.

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