Se levanta de la mesa en la que está apoyada y va hacia la hamaca, donde se sienta. Mira a la cámara y se sube un poco la camiseta con la mano derecha. Se mueve, coge un vaso de agua y bebe un poco antes de acercarse a las ventanas. Mientras tanto, no deja de contar el paseo tan bonito de esta mañana por una placita cuyo nombre ha olvidado. Caían unas cuantas gotas, pero había un poco de sol, lo cual le encanta. Se da la vuelta y hace un amago de soltarse la coleta. No puede estarse quieta. Se muerde una uña y un segundo después arranca a hablar de la playa en la que estuvo ayer con unos amigos. Tuvieron suerte de poder disfrutar del último día de buen tiempo. Sin embargo, esa es otra historia. Bebe un sorbo de agua más y va al centro de la habitación. Está en Barcelona hasta el viernes y quiere probar las tapas antes de irse. Le han hablado de una bodega cercana con buena cocina y vermú casero. Suena prometedor. Es posible que hasta me apunte al plan.

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