portraitsofhumanbeings4

No sabía nada de ella: dónde vivía, si trabajaba o estudiaba, su nombre o la ciudad en la que se había criado. Nada. Las preguntas eran un lujo que no nos podíamos ni queríamos permitir y las respuestas sobraban. Corríamos el riesgo de que no nos fuera a gustar lo que averiguáramos el uno del otro. Solo queríamos vernos, tocarnos, acariciarnos y olernos. Solo queríamos sentirnos. Éramos gasolina y cerillas, puro rock & roll en forma de dos cuerpos inexpertos que ardían en deseos de explorarse, que se morían por un arañazo más y que solo esperaban una cosa a cambio: no saber nada de la vida del otro.

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