Con los ojos cerrados. A veces los abro, a veces no. Depende de la sal, el cloro o cualquier otra sustancia en suspensión que haya. Depende de si ganan las ganas de moverme alrededor buceando o las de quedarme flotando dentro, saliendo ocasionalmente a por un poco de oxígeno antes de volver a esconderme bajo el agua, libre de opiniones, miradas reprobatorias, juicios y chasquidos de lengua ajenos.

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