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Hasta las seis. Entrábamos a trabajar muy temprano, ella más que yo, pero, de alguna manera, siempre que venía a dormir a casa conseguíamos ignorar el sueño y nos quedábamos desnudos en la cama hablando mientras Marvin, Curtis y Al se alternaban el privilegio de ser nuestra música de fondo. Recuerdo que lloramos cuando murió Bobby, más por la perspectiva de saber que no íbamos a verlo nunca en directo que por las copas que llevábamos en el cuerpo. Esa noche repasamos toda su carrera musical, desde los comienzos gloriosos hasta el final de chapeau que se marcó en el último disco que publicó, allá por 2012. Recuerdo el cachondeo en los ojos de la gente de la oficina al día siguiente, cuando se pensaban que mi mala cara era solo a causa del sueño.

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